La Influencia Musical Latina en EE.UU.

Igual que en Estados Unidos, los músicos de Latinoamérica desarrollaron una amplia gama de estilos combinando la música africana con las tradiciones de Europa. Por largo tiempo, las tradiciones caribeñas, sudamericanas y mexicanas han influido en la música popular estadounidense.

El primer estilo latinoamericano que tuvo un impacto internacional considerable fue la habanera cubana. El ritmo característico de la habanera (un patrón de ocho tiempos divididos en 3-3-2) influyó en la música ragtime de fines del siglo XIX y fue parte importante de lo que el gran pianista de Nueva Orleans Ferdinand “Jelly Roll” Morton llamó el “tinte latino” en el jazz estadounidense.

La siguiente oleada de influencia latinoamericana en la música de Estados Unidos llegó de Argentina. El tango acusó la influencia de la habanera, de canciones italianas y españolas, y de los cantos de gauchos (vaqueros). En Estados Unidos, la versión del tango de salón, en la que una pareja baila en estrecho contacto al son de un ritmo insistente, fue popularizada hacia 1914 por las estrellas de la danza Irene y Vernon Castle.

Otra influencia musical latinoamericana posterior fue la rumba. En la Cuba de los años 1920 podemos hallar las raíces del estilo de rumba que se popularizó en Estados Unidos como baile de salón. El son rural, un género cubano paralelo a la “country music”, se trasladó a La Habana, donde fue interpretado por bandas de baile profesionales. Esos músicos crearon un estilo más excitante añadiendo ritmos tomados de la rumba, un estilo de tamborileo callejero urbano firmemente arraigado en tradiciones africanas.

Don Azpiazú y su Havana Casino Orchestra presentaron una versión “refinada” de la rumba. La grabación de “El manicero” de Aspiazú en 1929 llego a ser un enorme éxito internacional. A pocos meses de su lanzamiento, muchas orquestas de baile de Estados Unidos ya habían grabado sus propias versiones de la canción. La rumba alcanzó su máxima popularidad en Estados Unidos durante los años 1930 y una serie de modas de baile de salón de origen cubano, como el mambo (años 1940) y el chacha chá (años 1950) le siguieron los pasos.

Las variantes de la música de estirpe cubana en Estados Unidos fluctuaron desde la excitante mezcla de jazz moderno y rumba, cuyos precursores fueron Machito y Dizzy Gillespie en la década de 1940, hasta el estilo de orientación turística que interpretaba la orquesta de Desi Arnaz en la serie de televisión I Love Lucy. En la década de 1960 surgió la salsa, un estilo basado en la rumba, cuyos primeros exponentes fueron emigrantes cubanos y puertorriqueños en la Ciudad de Nueva York. Entre las estrellas de la salsa figuran la gran cantante Celia Cruz y el director de banda Tito Puente. En los años 1980, Miami Sound Machine creó una mezcla comercialmente exitosa de salsa y música disco, y varios músicos de “world beat” como Paul Simon y David Byrne, empezaron a experimentar con ritmos tradicionales afrocubanos.

La samba brasileña es otro estilo de baile muy arraigado en la música africana. La variante de la samba que tuvo más influencia en Estados Unidos es la carioca, un estilo terso que se desarrolló en Río de Janeiro y fue popularizado en la década de 1940 por Carmen Miranda, quien actuó en una serie de películas musicales muy populares. Un estilo cool y sofisticado de música brasileña, conocido como la bossa nova, se popularizó en Estados Unidos a principios de los años 1960 y finalmente generó canciones de éxito como “La chica de Ipanema” (1964).

La música mexicana ha tenido por largo tiempo una relación simbiótica con estilos surgidos al norte del río Bravo (conocido en EE.UU. como río Grande). Al final del siglo XIX, músicos mexicanos visitaron la Exposición Mundial de Columbia en Chicago y después hicieron una gira alrededor de Estados Unidos. Los dos estilos hoy más conocidos de origen mexicano son la música de conjunto acordeón (“bandas con acordeón”), que se toca en el norte de México y en Texas; y la música de mariachi (“boda”), interpretada por conjuntos de guitarras, violines y trompetas. La música country y western ha recibido la influencia de estilos mexicanos desde la década de 1930 por lo menos.

También los inmigrantes mexicanos que viven en California han desempeñado un papel importante en el desarrollo de la música rock. Ejemplos de esta influencia incesante fueron el éxito “La bamba” de Ritchie Valens en 1959, basado en una canción folclórica de Veracruz; la mezcla de salsa y música rock con guitarra, desarrollada a fines de los años 1960 por el guitarrista Carlos Santana; las grabaciones de canciones mexicanas tradicionales por Linda Ronstadt; y el estilo hard-rocking de la banda Los Lobos radicada en Los Ángeles

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