Las Mujeres de Occidente que Dejan Todo para Unirse a “Estado Islámico”

Los terroristas han empleado a niñas y a mujeres en ataques suicidas con bombas.

Se calcula que al menos 550 mujeres que se han unido la causa yihadista de Estado Islámico.

Se calcula que al menos 550 mujeres se han unido a la causa yihadista del llamado Estado Islámico.

En octubre de 2014 Umm Ubaydah, considerada la principal reclutadora de mujeres para el autodenominado grupo Estado Islámico, dejó en claro su objetivo a través de las redes sociales: “Me pregunto si puedo traer a una mujer y ponerla en el campo de batalla”.

Su petición parece haber tenido eco en algunos países europeos.

Según un informe publicado este miércoles por el Instituto para el Diálogo Estratégico, con sede en Reino Unido, al menos 550 mujeres de Europa Occidental han viajado hasta Siria e Irak para unirse a las filas de Estado Islámico.

“Mucho se ha escrito sobre los más de 2.000 migrantes hombres de países como Estados Unidos y Australia que se unieron a EI, pero poca referencia se ha hecho al fenómeno de las mujeres que han hecho lo mismo”, explica la introducción del informe realizado por Carolyn Hoyle, Alexandra Bradford y Ross Frenett.

Aunque no son muchas las que se inclinan por la lucha armada.

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Qué lleva a una mujer al terrorismo: de la política a la violación

Las organizaciones terroristas han empleado a niñas y a mujeres en ataques suicidas con bombas de una manera desproporcionada, dado el bajo número de ellas en estas organizaciones principalmente masculinas.

“El Partido de los Trabajadores de Kurdistan (PKK), el primer grupo que empleó el atentado suicida con bomba como arma estratégica en la lucha etno-separatista, usó mujeres para 11 de sus 15 misiones suicidas en Turquía”, ilustró la académica Cindy D. Ness en la “Introducción” al trabajo colectivo que editó sobre el tema, Female Terrorism and Militancy.

Otra especialista, Mia Bloom, recordó en su libro Bombshell: Women and Terrorism las acciones de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), cuyas mujeres cometieron entre el 30 y el 40 por ciento de los más de 200 atentados suicidas con bomba de la organización. Todavía se recuerda el caso de Thenmozhi Rajaratnam, quien en 1991 se acercó al ex primer ministro de la India Rajiv Gandhi con un bouquet de flores y una barriga de embarazo que en realidad ocultaba explosivos, y murió con él y otras catorce mujeres.

Para Joyce M. Davis, autora de Mi cuerpo es un arma, hay dos cuestiones que analizar para entender esa desproporción.

Una: las motivaciones que llevan a las mujeres al terrorismo.

La otra, más angustiosa: los elementos que las empujan contra su voluntad a perder la vida matando a otros.


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