Los Mitos Sobre el Corazón

La verdad es que a menudo las pruebas costosas o tratamientos agresivos no son lo mejor para su corazón


Muchos sobreestiman los riesgos de sufrir un ataque cardiaco.   Por supuesto que hay que prestarle atención a su corazón. En cada visita al médico, se le debería medir su presión arterial y su peso. Además  algunos  deberían realizarse análisis básicos para ver si hay niveles altos de azúcar y de colesterol en la sangre.

Lo  cierto es que para vivir tranquilo hay que  saber cuáles son los verdaderos signos de un ataque cardíaco puede salvarnos la vida.

Sin embargo, la encuesta en línea que realizo Consumer Report a 8,056 lectores, entre los 40 y 60 años de edad, encontró que muchas personas sobreestiman su riesgo de sufrir un ataque cardíaco. Por ejemplo, el 29% de las personas sin antecedentes de cardiopatía y con niveles normales de presión arterial y colesterol se consideran a sí mismos en riesgo de sufrir una cardiopatía, aunque solo el 9% indicó haberlo escuchado de un médico.

Muchos también sobreestiman la capacidad de las pruebas de detección para tranquilizarlos. Los encuestados sanos con exámenes recientes que incluyeron un electrocardiograma (ECG) fueron más propensos a coincidir con la afirmación de que “pasar por el proceso de exámenes médicos vale la pena por la paz mental de saber que todo está bien” que aquellos que no lo incluyeron.

Pero la verdad es que el examen puede producir falsos resultados positivos en personas sin síntomas que tienen bajo riesgo de padecer una cardiopatía. Casi nadie reconoce ese daño potencial: el 87% está totalmente de acuerdo, o un poco, en que “fue mejor tener un miedo que se convirtió en nada que no someterse a ninguna prueba”.

La verdad es que a menudo las pruebas costosas o tratamientos agresivos no son lo mejor para su corazón. “La gente suele ver a los cardiólogos como una especie de héroe de acción y creen que mientras sea más agresivo, mejor”, comenta el doctor William Boden, un profesor de medicina en las Escuelas de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Buffalo en New York. “Pero un enfoque conservador nunca se debería considerar pasivo o inferior”.

La presión por realizar muchas pruebas o tratarse de forma excesiva alguna cardiopatía es producto, al menos en parte, de las nociones anticuadas al respecto, como si se tratara de una especie de problema de plomería. Con frecuencia, los médicos hacían pruebas para detectar obstrucciones y luego las despejaban utilizando la angioplastia.

En ese procedimiento, comúnmente llamado intervención coronaria percutánea (ICP), el médico infla un globo delgado en la arteria obstruida para aplastar los depósitos, y normalmente deja colocado un inserto cilíndrico llamado stent para mantener el vaso sanguíneo abierto. Cuando se realiza a unas horas de un ataque cardíaco para despejar una arteria bloqueada o casi bloqueada, el procedimiento funciona casi igual a la limpieza de una tubería obstruida. En esas situaciones, puede ser un tratamiento que salva la vida.

Pero en situaciones que no son de emergencia, la analogía fracasa. Tal como sucede, las arterias enfermas se llenan de depósitos más pequeños que son los verdaderos causantes de problemas. Ahora sabemos que la mayor parte de los ataques cardíacos no ocurren porque un gran depósito obstruye una arteria sino cuando uno más pequeño y menos estable se rompe y produce un coágulo de sangre que interrumpe la circulación de oxígeno hacia el corazón.

Las últimas investigaciones indican que la terapia con medicamentos y los cambios en el estilo de vida son el mejor tratamiento de primera línea porque están dirigidos a los factores de riesgo subyacentes que causan la formación de depósitos y provocan ataques. Si bien la angioplastia ayuda a aliviar síntomas como dolor en el pecho o falta de aire en personas con enfermedad estable, no previene ataques cardíacos ni prolonga la vida mejor que una terapia médica sola. Además, la angioplastia provoca ataques cardíacos en el 1% al 2% de los pacientes y agrega miles de dólares al costo del tratamiento.

Es más, de cualquier modo no es necesario evaluar a las personas solo porque sí, ya que la mayoría tiene algunos depósitos en sus arterias al llegar a la edad madura. “Estoy segura de que tengo algo de acumulación arterial”, afirma Lovett. “Solo se trata del proceso de envejecer”.

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