Mudanzas y su Repercusión sobre los Niños

Por Dr. Eduardo de la Sota Guimón. Según diversos estudios, entre los acontecimientos y sucesos vitales que más estrés psicológico ocasionan en las personas, la mudanza del lugar de residencia ocupa el segundo lugar. Tan sólo es superada por la pérdida de un ser querido, y deja en tercer y cuarto lugar a acontecimientos como la enfermedad grave y la pérdida del empleo.

Por lo tanto, la mudanza es un acontecimiento estresante para todas las personas en general, pero quienes lo viven con más sufrimiento suelen ser los niños. Ni que decir tiene que si las mudanzas son frecuentes el problema se agrava aún más. Incluso se ha demostrado, en distintas investigaciones, que los acontecimientos y sucesos vitales estresantes elevan el riesgo, en los niños, de padecer enfermedades mentales.

Para el niño, la mudanza supone un cambio de vida radical, en especial en lo referente a sus amigos, que para ellos son algo muy importante. Además, la mudanza es una decisión en la que ellos no han participado, lo que añade una sensación de impotencia ante lo que se les viene encima. Es posible, incluso, que uno de los padres esté en contra de la mudanza, lo que provoca discusiones y tensiones que van a afectar al niño.

¿Cómo perciben los niños las mudanzas?

Se sienten desplazados. No se suele contar con ellos para tomar la decisión ni se les informa de todos los detalles. En el proceso mismo de la mudanza, rara vez participan; si están presentes, verán cómo todas sus pertenencias se meten en cajas para ir a no se sabe dónde.

Tienen incertidumbre, a veces debido a que no se les ha dado la información necesaria que ellos pueden entender. Desconocen lo que les espera, pues no saben nada del entorno, la vivienda, el colegio, los vecinos y tantos otros detalles que les pueden inquietar.

Pierden sus amistades. Dicen adiós a los compañeros de clase, los vecinos, los amigos, el grupo y, a veces, el novio o la novia. Para el adolescente y el pre-adolescente, los amigos son lo más importante de su vida y ahora se les arranca de ellos bruscamente.

Se sienten desprotegidos. El conocimiento del terreno, de los lugares, de las personas, las costumbres, la cultura, la casa y el vecindario, generan seguridad y protección. Ahora, todo ese mundo protector conocido se viene abajo.

Según las edades, algunos síntomas con los que se pueden encontrar son los siguientes:

En los niños pequeños:

Comienzan a chuparse el dedo
Mojan la cama (se hacen pis)
Se aprecia una irritabilidad y un comportamiento extraño.

En los niños más mayores:

Síntomas de depresión y retraimiento
Pierden las ganas de comer
No duermen bien
Se vuelven tímidos y callados
Pueden mostrarse irritables y agresivos

En los niños mayores pre-adolescentes:

Alteraciones del sueño
Dificultad para concentrarse
Dolores de cabeza
Dolores de estómago
A veces, comportamientos agresivos y antisociales. Mienten e incluso pueden inclinarse hacia el robo.

¿Cuáles pueden ser sus reacciones?

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