Nuevas Generaciones, por la Dra. Ana Nogales

Las nuevas generaciones son distintas, y a veces las criticamos con rigor, pero son ellas peores o mejores? Estamos pendientes de ellas para que tomen riendas de un mundo algo caótico, ¿pero están preparados los jóvenes para darle buen curso?

Muchos consideran las nuevas generaciones como apáticas a lo que ocurre en el mundo, creídas de que merecen todo sin hacer ningún esfuerzo, y que solo buscan la gratificación inmediata llevándolas a tomar alcohol en exceso o usar drogas, o simplemente vivir sin motivaciones.

Si fuera así, entonces realmente no son felices, solo subsisten… Sin embargo, otros las catalogan como jóvenes con más confianza en sí mismos y sin tantos obstáculos para salir adelante. ¿Pero es esa confianza solida? ¿Serán estas generaciones narcisistas, formadas en un ego que en realidad no tiene contenido, vacio?

Muchos estudios de investigación afirman que el nivel de narcisismo en los jóvenes es mucho más elevado que en el pasado, definiendo al narcisismo como aquellas personas que tienen un ego inflado, que se consideran más importantes y hábiles de lo que realmente son, y que tienen dificultad para hacer amigos, parejas o mantener relaciones intimas por estar tan ensimismados con su propia vida.

Fácilmente podríamos decir que los padres tenemos mucho que ver con esta actitud, porque nos hemos apresurado a decirle a nuestros hijos que son inteligentes, que son maravillosos y que merecen lo mejor, sin ensenarles que para llegar a ser eso se requiere esfuerzo. A cambio, nuestros hijos aprendieron que todo debe ser fácil porque sencillamente nacieron.
La situación es más complicada para nuestros jóvenes latinos que viven situaciones muy únicas en los Estados Unidos, donde la familia es el vínculo más importante pero deben al mismo tiempo competir en un mundo individualista. Como sabemos que no les será tan sencillo, y sabiendo lo difícil que es la vida en nuestros países de origen, le agregamos una cuota más de optimismo a su auto estima para que puedan sentirse seguros y realizar sus sueños. Así es como les acomodamos su vida para que les sea lo más fácil posible, les compramos todo lo que gustan y cumplimos sus deseos, recordando cómo nos hubiera gustado tanto a nosotros haber tenido todo ello en nuestras manos. En la realidad, esta no es una buena fórmula, porque lo que aprenden es a exigir más sin anda que otorgar.

En el mejor de los casos, los jóvenes se dan cuenta que existen posibilidades que sus padres no tuvieron, y los padres realizan que la educación es una ventana abierta al futuro. Mientras tienen acceso a una buena educación (de acuerdo que este no siempre es el caso), tienen en sus manos el poder de adentrarse en ámbitos antes imposibles a través de los medios de comunicación y sociales que están a su disposición. Este es indudablemente un privilegio que no muchos reconocen, pero también es una responsabilidad, porque cuanto más somos consientes y aprendemos, mas responsabilidad tenemos con los demás. Pero a esa responsabilidad hay que ponerle esfuerzo.
Todo esto implica que sonar no solo es posible sino imprescindible. Cuando uno no ha tenido la experiencia de vida para saber a que puede aspirar, entonces es mucho más difícil sonar. Y si no sonamos no realizamos. Sin sueños no se construyen realidades.

A veces no es posible generalizar, ya que las diferencias individuales son gigantes, pero podemos extrapolar y reconocer que no es fácil ser joven y delinear un camino. Los jóvenes deben hacer su recorrido y encontrar sus propias respuestas. Como adultos no estamos dejando un mundo mejor a nuestros hijos y nietos, pero tampoco debemos asumirlo como una condena. El mundo está coaccionando de una manera diferente mientras distintas culturas, religiones y filosofías interactúan codo a codo, y fricciones a veces catastróficas nos sacuden a todos. Esta parece ser la consecuencia inevitable del acercamiento global y ojala sea el comienzo del entendimiento del universo, por el cual recién comenzamos el viaje.

Esta situación no es sencilla para los jóvenes. Tratar de entender lo que ocurre en el mundo en que vivimos, y esperar que los jóvenes lo arreglen podría ser cosa de magia. Pero ellos se están preparando dentro de sus posibilidades y limitaciones para hacer también lo mejor que puedan. El trabajo es perpetuo, porque siempre habrá algo más que hacer.

Los jóvenes viven en otra dimensión que los mayores no alcanzamos a notar cuando los criticamos. Pensamos que ya no son tan sociales como nosotros o que sus causas son egocéntricas, sin darnos cuenta que nosotros mismos fuimos así cuando éramos jóvenes porque esa era la expresión de nuestra juventud. Los no tan jóvenes, con la edad, nos convertimos en seres con más conciencia social y humanitaria, y así ocurrirá cuando a los jóvenes les lleguen los anos. Mientras tanto, ellos como todos los otros jóvenes del mundo, exploran a través de la tecnología, su internet, medios sociales, y una nueva forma de comunicación que los llevara a encontrar nuevas respuestas, ojala mejores que las nuestras, siempre y cuando le pongan esfuerzo.

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