Triunfa La Teta Asustada

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Por primera vez en el Perú se siente una expectativa emocionante en el aire en la víspera de la 82a entrega de los premios Oscar.

Quienes no habían escuchado hablar de los premios antes ahora están interesados, y los medios locales han puesto relojes digitales en cuenta regresiva en sus sitios de internet, contando días, horas, minutos, segundos que faltan para la ceremonia.

Y es que por primera vez, una película peruana ha sido nominada a un Oscar por Mejor Película Extranjera. “La teta asustada” (traducida como “The Milk of Sorrow”) ha ganado ya unos doce premios internacionales, incluyendo el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín el año pasado.

Pero la película en sí no puede estar más lejos del glamour de tal entrega. En casa, su tema central ha sido muy polémico, y ha dividido la opinión peruana.

La película cuenta la historia de una joven mujer, Fausta, quien hereda el trauma de su madre, quien cuando estaba embarazada fue violada por soldados durante el conflicto interno de Perú de finales de 1980 y principios de 1990, en el que murieron más de 69,000 personas.

Su título, “La teta asustada”, se refiere al mito andino que dice que los traumas de la madre se le pasan a los hijos a través de su leche. El miedo de Fausta de ser abusada sexualmente, la lleva a ponerse una papa en su vagina como un tipo de escudo.

Este tipo de detalles ha provocado ataques en contra del filme por parte de quienes la acusan de retratar a Perú como un país atrasado o retrógrado atrapado en la superstición y la miseria.

Sin embargo la mayoría de los comentaristas y bloggers alaban la película. Entre ellos el crítico y columnista Mirko Lauer.

claudiaClaudia Llosa, la directora del film, le dijo a la BBC que la inspiración para la película llegó con la tesis doctoral de Kimerly Theidon, una profesora de antropología de la Universidad de Harvard.

“Para mí fue chocante, porque hasta ese momento yo nunca había oído hablar de ‘La teta asustada’ y pensé que como imagen era muy ilustrativa e importante”.

“De alguna manera muestra cómo si no sanamos correctamente las heridas de la guerra, se pasarán de generación, en generación en generación”, dijo Llosa, cuya filmografía sólo incluye una película anterior.

Magaly Soler, la bella actriz que protagoniza el film, reconoce que la historia se acerca a su vida personal. Nacida en 1986, durante el momento culminante del conflicto en la región andina de Ayacucho, donde las peores matanzas y violencia sexual fueron infligidas en la población civil por la guerrilla comunista Sendero Luminoso y las fuerzas armadas de Perú.

“Perú sigue profundamente doliente, más que nada Ayacucho de donde soy yo”, le dijo Soler, de 23 años, a la BBC.

“Yo hablo por esas mujeres que no pueden hablar por sí mismas, las mujeres que fueron víctimas de terrorismo, que perdieron sus hijos, sus animales, sus tierras. ¿Alguna vez alguien les ha pedido perdón? Ahora, a través de mí, tienen una voz”, dijo la actriz, también música, y cuya lengua materna es el Quechua.

“Llosa contó esta historia porque necesitaba ser contada”, añadió, refiriéndose a las miles de mujeres que fueron violadas durante el conflicto civil.

“Nuestros padres, uno puede llamar a quienes nos gobiernan nuestros padres, necesitan hacer frente a lo ocurrido. Ellos no se atreven a discutirlo pero nosotros, la gente, sí”.

La Comisión de la verdad y Reconciliación de Perú encontró que las fuerzas de seguridad del Estado y otros agentes fueron responsables de 83% de las violaciones que ocurrieron entre 1980 y 2000.

Mientras “La teta asustada” trata con un tema solemne, también celebra la irreverente y animada cultura “chicha”, así como la música de los asentamientos pobres que flanquean Lima por todos lados.

Es la cara escondida del Perú moderno. Una sociedad de posguerra con expansivas vecindades de tugurios hinchados con inmigrantes que huyeron de la violencia en los Andes y adoptaron ya la vida urbana de la ciudad capital.

Estos lugares, igual que la heroína de la película, están gradualmente dejando atrás sus penas y acogiendo una nueva vida, con esperanza para el futuro.

Claudia Llosa también tiene esperanzas de que la película, que costó US$800.000 producir, actúe como un detonador de talento peruano, femenino, detrás de la cámara:

“Los estándares han subido para las jóvenes cineastas peruanas para que crean en sí mismas, para que digan ‘si ella puede, quizás yo también puedo'”.

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