Videla Permanecerá en la Historia de la Barbarie

Por: Gabriel Moyssen. A su modo, la historia los está juzgando. Si el 10 de mayo el exdictador guatemalteco, Efraín Ríos Montt, resultó condenado a 80 años de prisión por genocidio, el viernes falleció mientras dormía en prisión Jorge Rafael Videla, líder de un régimen totalitario y monstruoso que instauró la barbarie en Argentina.

Sin alcanzar la notoriedad de otra bestia del fascismo latinoamericano, Augusto Pinochet, como jefe del ejército y de la junta militar en 1976-1981, Videla dirigió el aniquilamiento y la “desaparición” sistemática de lo mejor de la sociedad del país hermano, al prometer durante una reunión de mandos castrenses regionales en Montevideo, meses antes del golpe que derrocó al débil gobierno de Isabel Perón, que moriría “tanta gente como sea necesario en Argentina”, para “defender al hemisferio de la conspiración internacional comunista”.

Así fue como Videla justificaría el asesinato de más de 30,000 personas y el exilio de medio millón, además del robo de miles de sus hijos. Primero, todavía bajo las “órdenes” de Isabelita, viuda del general emblemático del justicialismo pero una mujer insegura e ignorante, que se guiaba por las ideas esotéricas de José López Rega El Brujo, ministro de Bienestar Social, lanzó una feroz ofensiva en Tucumán contra la guerrilla del Ejército Popular Revolucionario; después, ya en el poder, desató el “proceso de reorganización nacional” que arrasaría a estudiantes, sindicalistas, religiosos -el papa Francisco habría sido colaboracionista-, amas de casa, académicos, artistas y disidentes, porque “un terrorista no es sólo alguien con una pistola o una bomba, sino también alguien que difunde ideas contrarias a la civilización occidental y cristiana”.

Realidad

En realidad, sin embargo, el parco y devoto católico Videla, dueño de una personalidad anodina y fanática de las reglas, nacido hace 87 años en Mercedes e hijo de un coronel, fue producto de la confluencia de los intereses dominantes del exterior y del interior de Argentina. Igual que Ríos Montt y que Pinochet; en el caso rioplatense, para la oligarquía empresarial supeditada a Washington el objetivo era desmantelar el modelo estatista de Perón, abrir la economía a la inversión foránea y lucrar con el aumento desmedido de la deuda.

La complicidad de Estados Unidos en los crímenes de la junta ha sido ampliamente documentada, desde que la Operación Condor agrupó a los represores de Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay; tras el cuartelazo, los cancilleres Henry Kissinger y César Augusto Guzzetti se entrevistarían en sendas ocasiones en Santiago y Nueva York, para que el norteamericano demandara una masacre inmediata: “Si hay cosas que tienen que hacerse, deben hacerlas rápido (…) lo que no se entiende en EU es que ustedes tienen una guerra civil. Leemos acerca de los derechos humanos, pero no el contexto. Entre más rápido tengan éxito será mejor”.

Cuando Videla abandonó la dictadura, en 1981, Argentina seguía viviendo momentos aciagos. El regreso al gobierno civil dos años más tarde, con Raúl Alfonsín, marcó el inicio del largo camino de la recuperación y el exgeneral, favorecido con sus cómplices por Carlos Menem, en proceso desde 2001 por diferentes delitos, fue sentenciado a 50 años de cárcel el 5 de julio de 2012, al ser hallado culpable del secuestro de los niños de sus víctimas. La familia Videla, encabezada por la viuda Alicia Raquel Hartridge Lacoste, mantiene en secreto la hora y el lugar donde será enterrado.

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